Título que hace referencia a una obra de Gabriel García Márquez, publicada en el 81. Treinta años más tarde sirve de título para una entrada en un blog.
Tristeza, eso es lo que siento en estos momentos. Hoy, mis problemas, son nada comparándolos con los problemas del mundo. Hoy he llorado, como hacía tiempo que no lloraba. No de rabia, ni de impotencia; hoy he llorado de pena. Un millar de muertos, 500 desaparecidos, y ahora, una fuga radiactiva. El destino, la suerte o el azar se ha cebado con Japón en particular, y con las islas del Pacífico, Australia y Sudamérica en general.
La naturaleza es así, caprichosa. Igual que hoy te da la tierra para que la trabajes y te mantengas; mañana te la quita y te deja en la más absoluta miseria.
Hoy la pena sólo me la quita el saber que el ser humano es capaz de sacar su mejor cara cuando está sumido en el hoyo más profundo. Es ante las peores catástrofes cuando nos ayudamos y salimos adelante. Igual que nos matamos unos a otros, nos ayudamos de igual manera. Sufrimos con la pena del otro y el altruismo sale de nuestro corazón. Japón saldrá adelante, y también los países afectados por el tsunami.
Por el momento seguiré con la vela encendida, para aportar un poco de luz en medio de la oscuridad.

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